Durante sus experimentos de clonación, Bruce Lipton colocó células madre genéticamente idénticas en tres placas de Petri diferentes (con un entorno químico diferente). En la primera, se convirtieron en músculo, en la segunda en hueso, en la tercera en grasa.
Esta fue la prueba biológica de que no son los genes los que deciden el destino de la célula (ya que eran idénticos), sino el entorno en el que evolucionan.
Lipton amplió este descubrimiento a todo el cuerpo humano. El entorno de nuestras células es nuestra sangre. Y la composición química de nuestra sangre está directamente regulada por nuestro cerebro, según nuestra percepción de la realidad.
Si percibimos el mundo con miedo y estrés (creencias negativas), liberamos cortisol que 'apaga' nuestro sistema inmunológico. Si lo percibimos con amor (creencias positivas), favorecemos la salud y la sanación corporal.
Contrario a la creencia popular, Lipton afirma que el 'cerebro' de la célula no es el núcleo (que contiene el ADN), sino la membrana celular. Es ella la que interactúa con el entorno exterior y envía las señales para activar o desactivar los genes.
Lipton otorga una importancia capital al efecto placebo: el hecho de que una creencia positiva pueda curar. Por el contrario, el efecto nocebo (una creencia negativa o un diagnóstico pesimista de un médico) puede provocar o agravar una enfermedad físicamente.
Es la prueba definitiva de la soberanía de la mente sobre la materia biológica.
Su libro revolucionario que ha cambiado la forma en que millones de personas perciben su salud y el poder de sus pensamientos.
Una reflexión más amplia sobre cómo un cambio de conciencia global puede transformar a la humanidad.