Paul Kammerer era un biólogo vienés brillante pero excéntrico. Más allá de sus trabajos muy controvertidos sobre la herencia de los caracteres adquiridos (notablemente el caso de los sapos parteros), se apasionó desde muy joven por la observación de anomalías estadísticas.
Durante más de veinte años, pasó horas sentado en los bancos de los parques de Viena o en los tranvías, anotando frenéticamente en un cuaderno todas las recurrencias extrañas de su vida cotidiana: el número de personas que pasaban con un paraguas verde, los números de boletos que se sucedían, los apellidos repetidos en un mismo día.
La carrera de Kammerer fue destruida por un escándalo científico resonante en 1926. Sus especímenes de sapos (supuestamente para probar la herencia lamarckiana) fueron descubiertos falsificados, alguien había inyectado tinta china en sus patas.
Aunque nunca se probó que Kammerer mismo fuera el falsificador (algunos piensan en un asistente entusiasta o en una conspiración), el deshonor fue total. Unas semanas después de la revelación del escándalo en la revista Nature, Kammerer se dirigió a los bosques de Schneeberg y se suicidó de un disparo en la cabeza.
Kammerer acumuló cientos de observaciones directas, estableciendo tipologías precisas para lo que entonces se consideraba simple azar.
En 1930, para salvar el principio de conservación de la energía durante la desintegración beta, Pauli postuló la existencia de una partícula fantasma, sin masa ni carga: el neutrino. Su existencia no será confirmada experimentalmente hasta 26 años después.
En 1919, Kammerer publica el fruto de sus observaciones empíricas en 'Das Gesetz der Serie' (La Ley de las Series). Allí postula la existencia de una fuerza o principio natural desconocido, actuando en paralelo a la fuerza de gravedad.
Según él, así como la gravedad agrupa la materia física en el espacio, la fuerza de 'serialidad' agrupa los eventos similares en el tiempo. Es una fuerza de afinidad. Lo describió como la « imitación del universo sobre sí mismo ». Las cosas que se parecen tienden a ocurrir juntas.
A diferencia de Jung, el enfoque de Kammerer estaba totalmente desprovisto de psicología, sentido o misticismo. Era una teoría puramente física. Buscaba una explicación causal, material (aunque desconocida), donde Jung vería más tarde un principio a-causal relacionado con la conciencia del observador.
Sin embargo, los trabajos de Kammerer (que Albert Einstein consideró « originales y nada absurdos ») fueron la base empírica sobre la cual Jung comenzó a reflexionar sobre la sincronicidad.
Pauli tomaba este efecto muy en serio. Lo consideraba un fenómeno sincrónico clásico, donde su propia tensión psicológica reprimida interactuaba físicamente con su entorno material de manera acausal.
La obra fundacional publicada en 1919 donde expone su teoría de una fuerza de afinidad natural que explica las coincidencias.