Philippe Guillemant es un científico puro de la institución francesa. Graduado de la École Centrale de París y con un Doctorado en Física de la Radiación, ha ejercido toda su carrera como ingeniero de investigación en el CNRS. Allí ha dirigido numerosas investigaciones en visión artificial, desarrollando algoritmos muy complejos para la industria (vidrio, biometría).
Sus invenciones le han valido varios premios, incluido el prestigioso Cristal del CNRS. Es un experto reconocido en redes neuronales, caos determinista y procesamiento de la información.
A pesar de este perfil hiper-racional, Guillemant se encontró rápidamente con los límites de la física materialista y determinista. Sus propios algoritmos de caos demostraban que a partir de un cierto grado de complejidad, el futuro de un sistema se volvía incalculable, exigiendo un aporte de información 'externo' a nuestro espacio-tiempo.
Inspirado por experiencias personales inquietantes de sincronicidad y por sus reflexiones sobre el flujo del tiempo, comenzó a modelar una nueva física donde la conciencia juega un papel activo de selección temporal.
Demostró (basándose en trabajos relacionados con los billardos de Sinaí y la teoría del caos) que la mecánica clásica pierde toda capacidad de predicción a muy corto plazo debido a las 'bifurcaciones', probando que el futuro mecánico del universo no está escrito por sus condiciones iniciales.
Formalizó matemáticamente la idea de que el acto de observar (la conciencia) es lo que 'define' la frontera entre un sistema cuántico y el resto del universo, resolviendo teóricamente el paradoja de la medida cuántica.
Según Guillemant, el espacio y el tiempo que conocemos no son la realidad en sí, sino un 'sistema de navegación' para la conciencia. Todo el universo se asemeja a un GPS gigantesco con innumerables rutas temporales ya existentes (las líneas de vida).
Existen dos causalidades actuando simultáneamente. La primera es mecánica y proviene del pasado: es el determinismo clásico (causa produce efecto). La segunda causalidad, más sutil, proviene del FUTURO: es la Retrocausalidad.
El libre albedrío consiste en utilizar nuestra conciencia (nuestras emociones profundas e intenciones, que él asocia con el alma) para 'elegir' un futuro diferente entre los potenciales del universo. Una vez que este futuro es seleccionado vibratoriamente, actúa hacia atrás en el tiempo para marcar nuestro camino.
La teoría de Guillemant ofrece una de las explicaciones más elegantes de la sincronicidad. Cuando formulamos una intención profunda y soltamos (ya que la mente racional y la ansiedad bloquean la flexibilidad del tiempo), modificamos nuestro futuro.
Este nuevo futuro, para realizarse, va a retroactuar sobre el presente modificando detalles cuánticos infinitamente pequeños (las famosas bifurcaciones del espacio-tiempo), provocando la aparición de 'casualidades improbables' en nuestro camino. La sincronicidad no es, por lo tanto, una coincidencia extraña, es literalmente la 'firma' de tu futuro que te atrae hacia él.
La obra fundacional de su teoría de la doble causalidad, que se ha convertido en un best-seller en el campo de la física de la conciencia.
Un ensayo más estructurado que detalla su modelo cibernético del espacio-tiempo y explica por qué la conciencia debe existir fuera del tiempo.
Una obra que populariza de manera lúdica (como un road-movie) cómo funcionan nuestras intuiciones y sincronicidades.